ENTRE NOSOTRAS
- nosotrasblg
- 6 may 2019
- 4 Min. de lectura
Si hay un récord que los hombres nunca han podido alcanzar, es en el número de palabras que pueden llegar a hablar en comparación de una mujer. Naturalmente, fuimos diseñadas para hablar, para expresar, para cuestionar todo aquello qué pasa por nuestra mente, no importando que tan insignificante sea.
Entre más vas creciendo, más largas son las horas de plática con las amigas, más detalladas las anécdotas y definitivamente más contagiosas las risas. En una sola hora podemos hablar de nuestros problemas, llorar juntas, consolarnos, resolver esos problemas de 5 maneras diferentes, animarnos, reírnos hasta llorar, planear el futuro y acabar comiéndonos el platillo ya frío.
Una hora con amigas a la semana representa refrigerio en medio de problemas y situaciones difíciles. Dios no nos creó para vivir esta vida solas, nos necesitamos la una a la otra.
Sin embargo, dentro de este increíble don de la comunicación, también se encuentran unas de nuestras mayores debilidades; la crítica, la murmuración y la queja.
Cuántas veces no hemos utilizado la frase, “te voy a decir algo pero no le digas a nadie”, o el “¿ya te enteraste de lo qué pasó?”; y mi favorita, “me enteré de algo pero no te puedo decir”.
Si somos honestas, todas nos emocionamos cuando escuchamos estas frases, ya que no hay nada que conecte más a dos personas que un secreto compartido. Es por eso que el chisme y la crítica son de los venenos más sutiles; ya que aunque parecen algo inocente, pueden llegar a destruir amistades, familias e incluso vidas.
En la Biblia vemos cómo Jesús habla de este tema en Mateo 15:11 (NTV)
“Lo que entra por la boca no es lo que los contamina; ustedes se contaminan por las palabras que salen de la boca».”
A veces menospreciamos la importancia de nuestras palabras, pero es lo que hablamos lo que refleja la salud de nuestro corazón. Es lo que sale de nuestra boca lo que proyecta el fruto del espíritu en nuestras vidas.
Muchas veces intentamos ofrecerle a Dios sacrificios y queremos justificarnos con nuestros actos de servicio, cuando a veces lo único que necesitamos es meditar en lo que hablamos día a día.
En Proverbios 4:23 podemos leer que por sobre toda cosa guardada, debemos de guardar nuestro corazón, ya que este determina el rumbo de nuestras vidas. La mayor parte del tiempo usamos este versículo para dar consejos de noviazgo o relaciones.
La verdad, es que si seguimos leyendo al versículo 24, podemos ver que lo primero que tenemos que hacer para guardar nuestro corazón es alejarnos de expresiones perversas y palabras corruptas.
Es tan fácil hablar, es tan fácil dañar. Sin darnos cuenta, podemos destruir la reputación de alguien más o literalmente hacer que el concepto que se tiene de una persona cambie por completo.
Nuestra boca es el instrumento más poderoso que tenemos, un instrumento que puede servir para hablar vida o declarar muerte. Todo lo que sale de nuestra boca se convierte en un ciclo sin fin; lo pensamos, lo creemos, lo hablamos y se repite. Lo más delicado es que nuestras palabras no sólo nos contaminan a nosotras, pero también contaminan a quienes nos rodean.
Para ilustrar esto, me encanta usar un ejemplo un poco más literal. Todas hemos conocido a alguien que te quiere vender algún producto de belleza, pero antes de comprarlo queremos ver el resultado que tiene tal producto. Y muchas veces el filtro que usamos para ver si nos conviene, es ver esos resultados en la misma persona que lo está vendiendo. Sin embargo, si esta persona refleja lo contrario a lo que dice estar vendiendo podemos pensar dos cosas. Una, que el producto que me está vendiendo no sirve; o dos, que ella misma no ha probado el producto que está vendiendo.
Así pasa cuando nuestra boca no refleja lo que decimos haber encontrado en Jesús. Nosotras somos embajadoras del cielo aquí en la tierra. Fuimos escogidas para reflejar y amar de la manera que Jesús amo al mundo. Que triste que por nuestra boca se opaquen las buenas noticias que fuimos llamadas a comunicar.
Dejemos el chisme, dejemos la crítica y la negatividad. Empecemos a hablar vida, a celebrar a las demás y apoyarnos entre nosotras. Si alguien quiere hacerte partícipe de una crítica o chisme, decide alejarte y detenerlo ahí. Debemos cuidarnos entre nosotras no exponer nuestras debilidades y secretos. Todas tenemos inseguridades, todas tenemos áreas rotas, pero todas nos necesitamos entre nosotras. Reflejemos la obra de Dios en nuestras vidas y cuidemos nuestro corazón.
Proverbios 27:19
Así como el rostro se refleja en el agua, el corazón refleja a la persona tal y como es.
Oración:
Señor Jesús, ayúdame a ser sabia y prudente. A cuidar cada cosa que sale de mi boca y evaluar cada comentario. Al igual que poder bendecir a otros a través de mis palabras y no contaminar a quienes me rodean. Ayúdame a amar, a celebrar a las demás y cuidar mi corazón. Quiero reflejar la obra que has hecho en mi y que solo tu brilles a través de lo que soy.
En el nombre de Jesús,
Amén.
xoxo
-Angie
Muy bueno y asertivo!
ME ENCANTÓ! 💛